Comenté algunas cosas que dice Perkins Gilman en A manmade world.
Pongo aquí un enlace a esa entrada por si no la leiste:
Perkins Gilman y lo humano [1]
Perkins Gilman hablaba de las características femeninas y las masculinas, pero ya dije que no caía en ese pseudobiologismo hoy tan extendido que dice todo el rato que hombres y mujeres son diferentes. Al contrario.
En primer lugar Perkins Gilman señala esa curiosidad que conocen los etólogos (estudiosos del comportamiento animal): que en muchas especies el macho tiene un comportamiento que se parece al de la hembra humana. Se refiere a la exhibición y los adornos, a los elementos de seducción, comportamiento del que el ejemplo animal más llamativo es el macho pavo real, con sus impresionantes plumas que parece que sólo tienen la utilidad de deslumbrar a la hembra. Las plumas dice Perkins Gilman son masculinas, no femeninas, lo que hoy en día tiene un doble sentido, insospechado entonces, supongo.
Esta es una de esas paradojas que ponen en entredicho las simplistas calificaciones de masculino y femenino. Pero no se trata de descubrir qué es realmente femenino y qué es realmente masculino haciendo una estadística de todos los animales conocidos. Ese tipo de ejercicios son inútiles, sean cuales sean sus resultados.
André Gide intentó en Corydon demostrar que la homosexualidad era la conducta dominante entre los animales. Recuerdo que cuando leí el libro me pareció bastante convincente, como suelen resultar todos los libros de biología que intentan mostrar la ventaja adaptativa de este o aquél comportamiento (como El Gen egoísta de Dawkins). Porque lo cierto es que entre los animales se da prácticamente todo tipo de comportamiento, así que es fácil demostrar casi cualquier cosa.
Pero sea cual sea el resultado de esas estadísticas entre lo masculino y lo femenino, insisto en que no tiene importancia. Perkins Gilman lo sabe, como lo sabía Aristóteles o Pico de la Mirándola. Lo masculino y lo femenino como tales quedan cancelados por algo superior en nuestra especie: lo humano.
Por supuesto que tenemos características que podríamos llamar masculinas o femeninas por comparación con otras especies. Por supuesto que podemos observar en términos generales más agresividad, o al menos más agresividad violenta entre los machos que entre las hembras (no en la mantis religiosa, claro). Por supuesto que podemos observar que entre las mujeres se dan más instintos maternales, más tendencia a cuidar de los hijos.
Eso es obvio, pero esas características y muchas otras se deben no a nuestra parte humana, sino a nuestra parte animal, es decir masculina o femenina. Si lo humano se desarrolla, irán disminuyendo más y más estas diferencias y todas las demás. Ya se puede observar, lamentablemente, la misma agresividad masculina en mujeres soldado, y también se puede observar, afortunadamente, más atención a los hijos por parte de los padres. La adopción de hijos por parejas homosexuales e incluso su gestación cambiará muchísimas cosas y romperá con muchos tópicos que sostienen que uno está obligado a comportarse de una u otra manera según lo que tenga entre las piernas.
¿Y qué tiene esto que ver con Aristóteles y Pico de la Mirandola?
Tiene que ver que Aristóteles dijo que la naturaleza del ser humano es no tener naturaleza. La característica principal de la ‘humanidad’ es que no tiene ninguna característica fija, excepto las que ella misma quiera darse.
Y lo mismo decía Pico de la Mirandola mediante una fábula en la que Dios creaba a los ángeles con una naturaleza bondadosa y pura y a los demonios con una naturaleza malvada. Al ser humano lo creaba sin naturaleza y le decía: “De ti depende elevarte a los ángeles o descender a las bestias”.
Cuando la gente todavía sigue hablando de lo masculino y lo femenino con tanta tozudez suele poner un montón de ejemplos pintorescos como que las mujeres son de Venus y los hombres de Marte porque unos leen mapas y otros no son capaces de hacer dos tareas a la vez.
Son las típicas mentiras estadísticas (McLuhan: “Hay tres clases de mentiras: las mentiras, las mentiras a medias y las estadísticas”). Algunas de esas apreciaciones estadísticas evidentemente se basan en datos reales: los hombres difícilmente superarán a las mujeres, por ejemplo, en dar de mamar: ni siquiera serán capaces de sacar leche (ahora dudo y pienso que quizá incluso podrían lograr eso finalmente).
Otras diferencias no se basan en la biología, sino en la educación, que sigue siendo sexista, muy sexista, y en los estímulos diferentes que reciben hombres y mujeres. Sacar conclusiones acerca de caracteres femeninos y masculinos inmutables cuando las cosas apenas han empezado a cambiar hace dos o tres décadas en sencillamente absurdo.
No es diferente de las consideraciones acerca de la inferioridad de los negros que se sacaban en siglos pasados, e incluso hasta la segunda guerra mundial con los test de inteligencia que supuestamente demostraban dicha inferioridad.
Ahora, bien, insisto, para dejar claro este asunto que suele escaparse de las discusiones. No digo que no haya diferencias biológicas entre hombres y mujeres, incluso puede suceder que los hombres o las mujeres tengan estadísticamente mejor orientación espacial, habilidad lingüística o lo que sea. Lo que digo es que eso no es importante. La cultura y la capacidad humana de aprender puede cancelar prácticamente todo lo biológico. Incluso la orientación sexual. Es posible que en el feto, en la infancia o en la adolescencia se produzca una especialización sexual, pero el sexo humano y el amor humano van más allá de los simples impulsos sexuales animales, que por supuesto existen, pero que son procesados por nuestro cerebro y transformados. El ser humano, en definitiva puede educarse a sí mismo y darse nuevas maneras de ver la realidad, no sólo la pobre manera instintiva con que nos dota la biología.
Un ejemplo es el mecanismo del estrés. Se supone que es una herramienta muy útil para sobrevivir en situaciones de peligro, por ejemplo ante el acecho de una fiera salvaje. Es posible que los seres humanos en los que se activaba mejor este mecanismo tuvieran más oportunidades de sobrevivir y reproducirse. Hoy en día el mecanismo existe, pero no suele activarse por la presencia de una fiera salvaje, sino por situaciones como una llamada de Hacienda, problemas en el trabajo, sobrecarga de responsabilidades, etcétera. Es decir, el mecanismo existe, pero las causas que lo activan son totalmente diferentes y es obvio que la evolución no primó el mecanismo del estrés para que algún día nos enfrentásemos a un inspector de Hacienda. Del mismo modo, la atracción sexual, el deseo sexual y el placer que proporciona el sexo seguramente han tenido algún tipo de valor evolutivo, pero fueran cuales fueran las causas que lo activaron en el pasado, ahora esos efectos se pueden conseguir a partir de otras causas o estímulos, causas o estímulos que nos proporcionamos nosotros mismos, al menos si queremos.
El cerebro humano, en definitiva es capaz de manejar datos. No se sabe exactamente cómo lo hace y la comparación con los ordenadores actuales no parece que sea segura. Pero sí se puede comparar con un ordenador en un sentido. El ordenador tiene unas determinadas capacidades de proceso y de memoria, pero lo que haga con ellas depende del usuario: puede usar sus bytes para escuchar un disco, ver una película, jugar al ajedrez, escribir este entrada o argumentar justo lo contrario. El ordenador está hecho para procesar cantidades masivas de información, pero esa información puede ser de miles de tipos. Y lo mismo sucede con el cerebro humano. Si el cerebro de un humano se puede convertir en el cerebro de un nazi o de un sabio contemplativo y pacífico, y si ambas cosas están al alcance de hombres y mujeres, ¿cómo no van a estar a su alcance todas las demás cosas? Me resulta asombroso que en el siglo XXI, cuando más muestras hemos tenido de lo absurdo de pensar que hombres y mujeres son diferentes, cuando se ha podido ver que las mujeres pueden hacer todo lo que hacen los hombres y todo lo más elaborado y sofisticado, ahora se busquen diferencias tan chapuceras como si uno u otro hacen dos tareas a la vez o si unos se orientan mejor o peor. La buena noticia es que, aunque sea absurdo, mientras sólo se discuta eso…
Sólo comentaré una idea que además comparto contigo, da igual lo masculino o lo femenino, lo esencial es “lo humano” lo demás no importa.
Fernando Pessoa tiene unos versos a propósito de esto:
El amor es lo que es esencial.
El sexo es sólo un accidente.
Puede ser igual
O diferente.
El hombre no es un animal:
Es una carne inteligente,
Aunque a veces doliente.
Tu blog resulta interesante, nos veremos.
Mimí